| ¤ M 的个人资料۩ La estación de nieblas...照片日志列表 | 帮助 |
۩ La estación de nieblas ۩Si llueven sacos de dormir estarás de suerte
|
10月1日 Historia de un tipo que de pronto se encontró perdido en una isla tras sobrevivir a un naufragio. Capítulo V: Solo entre colores
Noté un cosquilleo en los pies. Aún bastante adormilado los agité sin saber qué era. Según despertaban mis sentidos fui haciéndome consciente de un zumbido. Abrí los ojos. Insectos. La cueva estaba plagada. Salí rápidamente; no sabía por qué había tantos ni si alguno era peligroso. Aún no había amanecido y hacía frío, pero no iba a dormir más. Fui hasta la playa y pude ver a cierta distancia una hoguera; junto a ella Lucy y Contos dormían plácidamente. Hacía frío, pero no quería despertarles, así que decidí caminar para entrar en calor. Ese día caminé mucho y creo que debía estar cerca del centro de la isla y ser casi mediodía cuando lo encontré.
Una explanada verde se extendía al pie de la montaña. Estaba ocupada por un monasterio o alguna clase de edificio religioso de gran tamaño. Lo primero que hube de pasar fue un arco enorme. No tenía ninguna clase de cerradura y daba a un jardín de planta cuadrada con un camino de tierra que llevaba al siguiente arco. En el centro del jardín había una columna de unos 5 metros de alto y base triangular. Era de piedra blanca y lisa como nada que mis manos hubiesen tocado previamente. En una cara había una raya vertical tallada a lo largo de los 5 metros y a la altura de los ojos, un recuadro con algunos símbolos que desconocía. Las otras dos caras simplemente tenían dos rayas verticales paralelas. Supuse que sería algún símbolo religioso, como la cruz para los cristianos. El segundo arco estaba pegado a la pared de la montaña y conducía al interior de ésta. Tenía una verja de barrotes negros bastante imponente, pero no estaba cerrada, así que pude pasar sin problemas.
Era mucho más grande de lo que había pensado en un principio. Había siete claustros, todos con un diseño muy similar pero en diferentes colores. Pude apreciarlo porque había grandes antorchas repartidas inteligentemente por toda la estancia. Algunas estaban frente a espejos, de modo que reflejasen más luz. Tantas llamas causaban la impresión de que se estuviese celebrando un baile en cada claustro por el juego de sombras. El primero de todos era predominantemente blanco. Paredes blancas como las de la columna del jardín, bancos de la misma piedra blanca… A parte de mí, lo único que rompía con el ambiente eran las llamas anaranjadas. El segundo era rojo. Las puertas eran lo más oscuro, más bien granates y las paredes lo más claro, casi rosadas. Esta vez el fuego armonizaba perfectamente. A la entrada había dos bandejas rojas, una a cada lado de la puerta, con manzanas rojas en ella. El tercer claustro era verde. Este se diferenciaba de los demás en que en el centro había un pequeño árbol con las hojas más verdes que hayáis visto jamás. También había dos bandejas, pero éstas eran verdes y tenían uvas verdes. El cuarto claustro era de tonos azules. Podría haber pensado que estaba en el exterior, pues las paredes y el techo eran de un color azul pastel muy parecido al que el cielo tenía ese día. Las bandejas, azules, tenían arándanos. El quinto era naranja, y las bandejas contenían distintos frutos. Había albaricoques, mangos de piel muy anaranjada, y, como no, naranjas. El sexto claustro era amarillo. Las paredes eran de un amarillo intenso que casi hacía daño a la vista y las bandejas eran de oro y contenían limones. Sin embargo, la puerta que daba paso al séptimo y último era negra, y el color negro se extendía por la pared difuminándose hasta ser del color correspondiente a la sala. Parecía lógico entonces que el último claustro fuera negro y, aunque lo era, había toques de plata por toda la estancia. Los espejos estaban enmarcados en plata, las estructuras que sostenían las antorchas eran plateadas y las bandejas eran de plata. Ésta vez el fruto elegido eran moras negras. Tenía una distribución diferente a la de los demás, no había bancos y al fondo había una especie de puerta azabache. No estaba en la pared ni en el suelo, si no que formaba cierto ángulo respecto a ambos, como si diera paso a un sótano y no había cerradura. En cambio, tenía un círculo de 1 metro de diámetro aproximadamente en relieve, como si una esfera enorme esperase tras la puerta. En el techo había un agujero enorme, a modo de chimenea que daba al exterior y alumbraba directamente al círculo. Pude ver que éste tenía 6 agujeros de distintas formas situados en los vértices de un hexágono regular. Uno, tenía forma de manzana, otro de uva, otro de arándano… Podría haber dudado en el quinto, pero la verdad es que lo único que encajaba era el albaricoque. No pude evitarlo, volví al principio y cogí frutas de todas las bandejas. Cuando empecé a colocarlas en su sitio me percaté de que había unos agujeros diminutos en cada agujero, como esperando recoger algún líquido. Miré el albaricoque y suspiré. Puse cada fruta en su lugar sin mucha esperanza y me aparté un poco. Empujé la piedra y nada. Pero ahora no podía dejarlo y comencé a sacar jugo de los seis frutos. El limón fue fácil pero otros se resistieron bastante. No estoy seguro, pero creo que pasó más de una hora hasta que acabé con todos. Cuando unas gotas de mora líquida se introdujeron tras la puerta, un ruido comenzó a inundar la habitación. Era grave, como una montaña derrumbándose. Iba aumentando paulatinamente de volumen y estaba seguro de que se oiría desde la playa y mucho más allá. Finalmente, se abrió y salió un globo negro y redondo. Subió por la chimenea y salió al exterior. No parecía flotar, parecía algo muy pesado siendo empujado por una mano invisible. Subió muy alto y despacio. Me dio tiempo a salir al aire libre para verlo dirigirse hacia arriba. De pronto, se detuvo. Estuvo un rato suspendido en el mismo punto hasta que comenzaron a formarse nubes negras alrededor suya. Cada vez eran más y giraban vertiginosamente en torno al globo. El cielo se volvió completamente negro y comenzó a llover. Pero el agua no parecía caer, más bien era como si la empujaran contra el suelo. Hacía daño si te golpeaba. Decidí refugiarme en el claustro azul y allí pasé la noche.
9月10日 Historia de un tipo que de pronto se encontró perdido en una isla tras sobrevivir a un naufragio. Capítulo IV: Reencuentros
En mi carrera llegué hasta la playa para llevarme una gran sorpresa. Había dos personas cenando apaciblemente junto a una hoguera. Una de ellas era la hermosa Lucy, la otra era alguien que no veía desde hacía algún tiempo: ¡mi amigo Contos! Fatigado como estaba tras mi huida no pude emocionarme demasiado, pero fui a saludarles y a dar un abrazo al pirata.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí? – le pregunté tras los saludos iniciales y expresar mi sorpresa por verles a ambos juntos.
Me contó su historia.
Un ejército de nubes cabalga por todo el cielo fundiéndose rápidamente en una sola que oscurece toda la zona en la que nos encontramos. Miramos en la dirección en que partiste, mas no podemos ver dónde te encuentras ni que te ocurre y comenzamos a preocuparnos por ti. Este sentimiento empeora cuando todo se calma y no hay rastro de ti ni del bote en que partiste. Sin demorarnos apenas Athrian, Pallavryok y yo zarpamos en el bote que queda con intención de encontrarte a ti o al menos alguna pista que indique qué demonios ha ocurrido ahí. Cuando nos acercamos al punto en que desapareciste el mar se encabrita y zozobramos. En algún momento de la lucha contra la naturaleza pierdo el conocimiento, quizá tras recibir un golpe en la cabeza, y para cuando despierto me encuentro en una cama, con una mujer que dice llamarse Lucy a mi lado. Me había recogido en la playa donde yacía inconsciente y había curado mis heridas cariñosamente. Le acribillo a preguntas nada más recuperar el habla y, entre otras cosas, me cuenta que mis otros dos compañeros han acabado en la misma isla que yo y que se encuentran bien.
- Esta mañana vino a buscarme y me propuso que cenáramos juntos esta noche. Es por eso que estoy aquí.
Al día siguiente vi a Athrian y Pallavryok. Me contaron que ellos mantuvieron la conciencia durante todo el rato, que lograron agarrarse a unos tablones para mantenerse a flote, aunque perdieron de vista a Contos. Finalmente, la corriente les arrastró hasta la misma isla en que nos encontrábamos en esos momentos.
A partir de ese día nos vimos ocasionalmente por la isla y compartí algunas comidas con los tres compañeros de aventuras y mi nueva amiga.
7月14日 Historia de un tipo que de pronto se encontró perdido en una isla tras sobrevivir a un naufragio. Capítulo III: Incógnitas
Tap tap tap
Camino pesadamente por los callejones empedrados. Hace varias horas que entré en la taberna y al salir ya se ha hecho de noche. Un golpeteo rítmico, incesante y sordo suena a mis espaldas.
Tap tap tap
Intento ignorarlo pero persiste incansable. Me giro con intención de ver la fuente de dicho sonido pero no veo nada. Me encojo de hombros sin darle gran importancia y sigo caminando.
Tap tap tap
Comienzo a estudiarlo y a imaginar qué puede producirlo. Parece el sonido que hace un bastón al golpear las piedras que conforman el suelo, pero es bastante más veloz que el paso de un cojo.
Tap tap tap
Da la sensación de que tantea algo. Debe ser un ciego. Sí, eso es. Un ciego que dibuja en su mente todo lo que le rodea gracias a un largo trozo de madera. Me giro de nuevo pero sigo sin ver nada.
Tap tap tap
Esta vez decido esperar tras un recodo, pues no me gusta nada la sensación de oír lo que pasa y no poder ver la imagen correspondiente. “Pobre ciego”, pienso. El sonido se acerca notablemente.
TAP TAP TAP
Se oye suficientemente claro. Sea un ciego o no, la causa del repiqueteo está a la vuelta de la esquina. Doy un paso para encontrarme con él.
Silencio. No hay ciego y ya no se oye nada. Estoy yo solo en los callejones oscuros.
Eso pasó hacía tiempo, algo antes de que encontrara el mapa que me metió en aquella aventura. No sé por qué lo recordé esa mañana mientras paseaba con Lucy. Le había comentado la soledad que sentía y me dijo:
- No estás tan solo en esta isla como piensas. Aún no te has dado cuenta pero tienes muchos amigos muy cerca.
Se mantuvo tan enigmática como siempre y no me desveló nada más. Se despidió diciendo que había algo que sabía desde hacía mucho tiempo que tendría que hacer y que el momento había llegado y me dejó solo en la playa.
Ese mismo día, al atardecer, me sorprendí al encontrar un manzano. El rojo de los frutos combinaba elegantemente con el color del cielo a esas horas, en las que el Sol, cansado, comenzaba a descender pacientemente hacia su lecho y no pude evitar la tentación de acercarme a coger uno. Sin embargo, antes de que lograra alcanzar mi objetivo fui interrumpido por un pequeño ser. Su piel era púrpura y vestía con colores extravagantes. En tamaño no era mucho mayor que las manzanas que tenía el árbol. Un sombrero puntiagudo, como sus orejas, coronaba alegremente la cabeza del duendecillo.
- ¡ALTO! – exclamó – Si de este fruto deseas comer, un acertijo has de resolver.
- Está bien. – acepté, animado por la aparición del intrigante ser – Plantéame tu enigma.
- En la orilla de un río os encontráis tú, Betsabé, Charles el camarero manco, Alice la borracha y un barril de grog marca Pirate Dave. Queréis cruzar el río, pero para ello sólo disponéis de una barca que soporta como máximo el peso de dos personas. Únicamente Betsabé y tú podéis remar, ya que a Charles le falta un brazo y Alice no sería capaz de hacerlo bien por causa de su embriaguez. Charles y Alice no pueden quedarse a solas en ningún momento, pues ella tiene una gran deuda con el camarero tras muchas noches de beber sin pagar y éste quiere acabar con su vida por ello. Tampoco puedes dejar a Alice con el barril de grog, pues se lo bebería. ¿Cuál es el menos número de viajes que has de hacer y como sería?
Estaba tratando de obtener la respuesta correcta cuando, de pronto, una fiera saltó de entre los árboles poniéndose frente a mí. Abrió sus fauces y bramó regiamente. Instintivamente huí hacia la sucia cueva en que moraba, a pesar de que de poco habría servido. Creo que el duendecillo no debía ser tan inofensivo como aparentaba y debió hacer algo, porque el caso es que el monstruo no me persiguió.
7月1日 Historia de un tipo que de pronto se encontró perdido en una isla tras sobrevivir a un naufragio. Capítulo II: La premonición y Lucy
Camino entre los árboles, sediento, en busca de agua. Desde donde me encuentro puedo escuchar el rumor del agua de un río y hacia allí me dirijo. El agua es cristalina y puedo ver pequeños peces nadando en ella. Me agacho y bebo. Mientras lo hago me sorprende el aullido de una bestia salvaje que evoca en mí el sonido de las cadenas de los condenados en el infierno. Al mirar de nuevo el agua, ésta fluye roja coma la sangre. Instintivamente me echo hacia atrás entre espantado y desconcertado. Percibo olor a azufre en el aire. Un repentino dolor abdominal me hace encogerme y caigo apoyando una rodilla en el suelo. Noto como se me agarrotan todos los músculos, sin prisa pero inexorablemente. ¡Me estoy convirtiendo en piedra! Cierro los ojos y, con esfuerzo, logro abrirlos de nuevo para descubrir que ya no estoy en la isla. Me encuentro en lo alto de una catedral, al borde, como un suicida a punto de acabar con su vida. Pero no lo haré, pues formo parte del edificio. Soy una gárgola. Lentamente, la vista también se me petrifica.
Entonces desperté. Como para contrastar con ese mal sueño, tal vez una premonición de algo aún por llegar, oí un bello canto fuera de la cueva. Resultaba imposible no ir en busca de su origen. Las estrellas agonizaban ante el avance implacable del astro rey. Apoyando los pies sobre las notas de la melodía fui avanzando en la selva. En un momento dado, una brillante luz parecía surgir de entre las hojas, bailando con los primeros rayos del Sol al compás de la canción que tan intrigado me tenía. Acercándome más pude ver a una joven vestida de blanco danzando alegremente. Allí donde sus pies descalzos acariciaban el suelo nacían flores que perfumaban el aire a su alrededor y las aves le hacían los coros. “Tiene que ser ella” pienso.
- ¡Lucy! – la llamo
Cesó su canto y se giró para mirarme. Los pájaros también callaron y parecían mirarme molestos por haber interrumpido y reclamar la atención de la dama para mí.
- Buenos días, Mannik. Veo que conoces me nombre
- Sí. Anoche conocí a Selvaia. Me dijo que fuiste tú quien me dio de beber en la playa. Muchas gracias.
- No es nada. Lo habría hecho por cualquiera.
Ese día lo pasamos juntos hablando de infinidad de cosas y así lo haríamos en repetidas ocasiones. Yo no entendía por qué, pero lo cierto es que, a pesar de estar perdido en no sé que isla, me encontraba a gusto paseando por la playa o la selva con Lucy.
- ¿Quién eres? – le pregunté un día – Y no me refiero a tu nombre. Tú estabas ya en la isla cuando yo llegué por casualidad y sabías quién era, pero nunca he entendido nada de esto.
- Soy la que pasea contigo casi a diario. ¿Para qué quieres saber más? Y no llegaste por casualidad; andabas buscando algo. Quizá no era lo que esperabas, pero, en el fondo, tu verdadero ser no te puede llevar a un lugar equivocado. O al menos no para largo rato, y ya llevas bastante tiempo en esta isla.
6月22日 Historia de un tipo que de pronto se encontró perdido en una isla tras sobrevivir a un naufragio. Capítulo I: Los pies en la arena
Sentado en la arena, un pequeño cangrejo pasa frente a mis pies descalzos.
- ¿Por qué no? - pensé; y me encaminé en el mismo sentido que avanzaba el pequeño crustáceo.
Anduve bastante rato sin encontrar otra cosa que arena hasta que unas piedras enormes dejaron claro que había llegado al final de la playa. Gracias a la luz que proyectaba la Luna entreví un pequeño camino que se internaba entre los árboles y decidí seguirlo. El hecho de que existiera tal camino me hacía pensar que la mujer que me dio de beber no era necesariamente una imaginación mía, pues el camino lo tenía que haber hecho alguien.
Unos minutos más tarde, jirones de niebla comenzaron a acompañarme en el paseo nocturno que me llevó a conocer a la primera persona de la isla. Unas luces que temblaban tras el velo blanco que opacaba mi visión llamaron mi atención. Al acercarme más descubrí que eran un par de antorchas clavadas en el suelo. El irregular bailoteo del fuego proyectaba sombras danzantes sobre la niebla y a través de ella dándole un ambiente tétrico al lugar. Dichas antorchas custodiaban unas escaleras que descendían bajo tierra y me adentré en busca de cualquier cosa que no fuera arena de playa.
- Buenas noches Mannik - pronunció una voz firme pero sensual apenas separé mi pie del último escalón.
Una mujer de tez pálida y cabello azabache me miraba con unos profundos ojos verdes erguida junto a una chimenea en la que el trémulo fuego crepitaba e iluminaba la estancia. Una misteriosa sonrisa perfilaba sus finos labios y un ceñido vestido negro dibujaba perfectamente su silueta frente a mí. Sostenía una copa con su mano izquierda mientras con la derecha me invitaba a sentarme a una pequeña mesa en la que otra copa parecía estar esperándome junto con abundante comida.
- ¡Me conoces! – exclamé sorprendido - ¿Quién eres? ¿Fuiste tú quien me dio de beber en la playa? - No – contestó la mujer- Me llamo Selvaia. Quien te atendió entonces se llama Lucy, ya la conocerás mas adelante, pero, por favor, siéntate y disfruta. Debes estar hambriento y sediento.
Era cierto, así pues acepté la invitación. La mujer se sentó a mi lado y charlamos un rato mientras yo devoraba la comida.
- Entonces… ¿de dónde has salido y cómo sabes mi nombre? - Eso no importa ahora. Ya lo descubrirás si es preciso. Es mejor que ahora disfrutes del momento. - ¿Me dirás al menos dónde encontrar a esa tal Lucy? Me gustaría conocerla y agradecerle lo que hizo por mí. - ¿En serio? ¡Vamos! ¡Te dio un pequeño sorbo de agua y te dejó allí tirado! Tú lo que necesitabas era un buen banquete como el que ahora te he ofrecido. – dijo casi ofendida – Pero no te preocupes, quieras conocerla o no, lo más probable es que mañana la veas.
Cuando sacié mi apetito salimos a dar un paseo mientras me contaba algunas cosas. Fue entonces cuando confirmé que estaba en una isla aislada del mundo sin previsión de ser rescatado por nadie pero que no estaba deshabitada del todo. Llegamos frente a una cueva y me indicó que podría hacer de ese lugar mi casa por el momento, pues evidentemente no iba a dormir con ella. Había un sucio colchón en un lateral que no tenía ni idea de donde podría haber salido y una manta. En mi vida como pirata había estado en sitios peores, me acostumbraría pronto. Nos despedimos, me acosté y a pesar de las muchas cosas en las que podría pensar no tardé mucho en quedar profundamente dormido.
5月22日 Despertar [Interludio]Una mujer camina por la playa. La fina arena fluye entre sus delicados dedos cuando eleva un pie para dar el siguiente paso. La luz del sol se refleja con intensidad en su vestido blanco dificultando que uno la mire directamente. Sus largos cabellos rubios ondean con la suave brisa que recorre la costa. Sus ojos, azul claro como las aguas que rodean esta isla tropical, se fijan en otra mujer que reposa recostada en la arena. Ésta, al contrario que la primera, lleva un vestido negro, a juego con su pelo; fino y largo, frágil e intenso. Sus ojos verdes rivalizan con el color de las hojas de las palmeras que delimitan el fin de la playa y el comienzo de la selva.
- ¿Te importa que te haga compañía un rato? - pregunta la primera. Su suave voz parece danzar con el murmullo que causan las olas al romper. La segunda mujer le hace un gesto con la cabeza indicando que no tiene ningún problema.
- Hacía tiempo que no te veía por aquí, Lucy - dice la mujer morena - ¿A qué debo el placer?
- ¿Necesitas preguntarlo?
- No. Eso tú ya lo sabes, pero me gusta preguntar de vez en cuando. ¿Has sido tú, verdad?
Lucy fija su vista en un hombre que yace a unos metros de ellas. Tiene la ropa raída y endurecida por la sal ya reseca debido al intenso sol que baña la costa y numerosas algas se enredan en sus extremidades. No está muerto, sólo inconsciente.
- ¿No recuerdas que decidí no traer a nadie más a este lugar?
- Claro que lo recuerdo. Sin embargo todos podemos romper nuestros principios si la ocasión merece la pena, ¿no crees? - al decir esto sonríe maliciosamente, sabiendo que ha tocado fibra sensible.
Lucy no cae en su juego. Se levanta y dirige sus pasos hacia el náufrago. Mientras lo hace, oye exclamar a la mujer morena.
- ¡Sabes que no funcionará! ¡Su ilusión será mucho mejor que la realidad que puedas ofrecerle aquí!
El hombre abre los ojos con dificultad. Aún no enfocan bien pero intuye una figura femenina acercándole algo a la boca.
- Bebe - susurra ella.
Parte del líquido resbala por sus labios agrietados humedeciendo la arena en la que apoya su cabeza. Consigue tragar un poco y enseguida pierde el conocimiento de nuevo. Cuando vuelve a despertar está anocheciendo. Se incorpora con esfuerzo y la luz anaranjada del crepúsculo baña su rostro mientras piensa. Sus recuerdos son difusos. No sabe bien dónde está ni cómo ha llegado hasta allí. Se siente solo mirando el aparentemente infinito mar que se extiende frente a él. Se siente solo viendo como los últimos rayos de luz deciden abandonarle también. Se siente solo pero sabe que no es del todo cierto, pues recuerda que alguien se le acercó cuando aún no tenía fuerzas y calmó la sed que no sabía que tenía. Sabe que hay alguien más cerca, pero ni siquiera sabe hacia donde encaminarse. Mira dubitativamente a su alrededor intentando esclarecer si alguna decisión es mejor que otra.
1月7日 Dr. QYa que hace un tiempo que no me paso por aquí voy a volver haciendo un cambio respecto a lo que suelo escribir. En vez de una historieta os voy a pedir un favor, o hacer una encuesta, o algo así...
Para los que no lo sepáis me estoy haciendo un pedal para la guitarra y sé que va a ser amarillo con algo en negro. Estos son los cutrediseños que he hecho hasta el momento.
¿Os gusta alguno de ellos? ¿Cuál? Y si os aburrís, el primero lo he dejado todo amarillo para que hagáis vuestros propios diseños y me los paséis. Eso si, que sean sencillitos por favor, que me temo que todo lo que tengo para hacerlo es un spray de pintura negra y unos cartones. Por cierto, antes de que preguntéis, los tres circulitos son un LED azul, el potenciómetro y el boton de encendido. P.D.: Por si no os hacéis la idea de como es en realidad he aquí una foto de otro pedal hehco por otra persona en una caja del mismo tamaño.
10月26日 El grito
El Sol estaba ocultándose cuando Julia llegó a la antigua iglesia, dándole un color rojizo al viejo pórtico. Hacía ya varios años que nadie usaba el edificio, al menos para celebrar ritos católicos, y algunas paredes interiores estaban medio derruidas. Las telarañas ocupaban todos los rincones y pequeños roedores se ocultaban ante la presencia de un ser humano. Julia había ido allí por... bueno, en realidad no sabía muy bien el motivo, había sido muy curiosa desde pequeña y con eso bastaba. ¿Quién sabe lo que podían haber dejado abandonado en tan peculiar lugar?
Los últimos rayos de luz se filtraban a través de las vidrieras tornándose de múltiples colores y dando a la estancia un ambiente onírico.
Un grito interrumpió sus pensamientos. Era un grito que ocupaba todas las frecuencias que percibe el oído humano. Sonaba como gritan las chicas en las pelis de terror baratas unido al barritar de varios elefantes. Era, desde luego, un sonido que Julia jamás había oído antes. Procedía de la parte trasera de la iglesia, es decir, del antiguo cementerio. Se acercó cautelosamente a ver cual era la causa. Al asomarse por la puerta de madera podrida vio una niña pequeña, de unos 6 años, ligeramente translúcida. Era pelirroja, de tez pálida y pecosa. Estaba de pie junto a una lápida, mirando fijamente hacia donde se encontraba Julia, que fue aproximándose para descubrir que tenía un ojo de cada color. Uno verde, como el moho que cubría las tumbas y otro azul oscuro, como las profundidades del océano. Cuando estaba a un par de metros de la niña, ésta abrió la boca y un momento después volvió a producirse el sonido que había escuchado antes, como en una película en la que imagen y sonido no están sincronizados, o cómo si todo ello viniera de una gran distancia, pudiéndose notar así la diferencia entre la velocidad del sonido y la de la luz. Esta vez el grito iba acompañado de vibraciones, podía notar el grito vibrando en los huesos y en las tumbas del suelo. Julia era curiosa, sí, pero no tanto. Dio media vuelta y salió corriendo antes de encontrarle sentido a todo eso.
10月5日 Reina de tréboles
- Buenos días detective Orrow - saludó la mujer a la vez que se sentaba en la vieja butaca de cuero negro maltratada por los años.
- Por favor, llámeme Tom. - respondí - Y tome asiento.
La mujer venía acompañada de una nube de humo que rápidamente ocupó el poco espacio disponible en el cuartucho que utilizaba como despacho. Nunca me ha agradado la presencia de humo a mi alrededor, siento como si una mano invisible se introdujera en mis pulmones y saliese con un puñado de mi oxígeno chorreando entre los dedos, pero hacía demasiado tiempo que no tenía ningún cliente, así que decidí no mostrar mi desagrado.
- De acuerdo, Tom. Me llamo Ángela, y puedo darle un caso que investigar si le interesa. Sólo tiene que prometerme que se dedicará a fondo en él - miró despectivamente sobre la mesa haciendo hincapié en la ausencia de papeles - No creo que tenga mucho problema...
- Continúe - dije haciendo caso omiso de su desprecio.
- Quiero que averigüe todo lo que pueda sobre cierta persona. Dos días en semana voy a la sala de juegos Valentine y hay un hombre que me perturba. Puede que sólo vaya allí para jugar, pero a veces tengo la sensación de que me está espiando o que quiere algo de mí. Jamás me ha dirigido la palabra, pero quiero confirmar si mis intuiciones son correctas y he de preocuparme o sí puedo olvidarme del tema. He conseguido hacerme con esta foto suya para que pueda reconocerle- dijo sacándola del bolso y deslizándola cuidadosamente sobre el pupitre.
Era un tipo curioso sin duda. Tenía pinta de perdedor. Era desgarbado y aparentemente tenía una cicatriz cruzándole la cara, aunque no podía asegurarlo debido a la calidad de la foto. En fin... averiguar todo sobre un misterioso individuo. Creo que podría hacerlo si lograba levantarme de la silla.
- Está bien - dije mirándola fijamente a los ojos, estudiando un poco más profundamente a aquella mujer y sus motivaciones - Acepto el caso. Mañana mismo empiezo.
9月19日 Diablo conocido..."... soy consciente de hallarme al borde del futuro... en vez de al extremo del pasado. He buscado a mi demonio y le he vencido. Si esta especie quiere tener posibilidades de supervivencia, todos deberíamos enfrentarnos a nuestros demonios interiores. Debemos volvernos hacia nosotros mismos. Entrar en el sitio peligroso... y pelear. No en esas grotescas y cansadas instituciones, el cielo y el infierno, donde radica el problema, sino en lo diablos que conocemos."
John Constantine
|
||||
|
|